En Historia de un matrimonio, la película de Noah Baumbach protagonizada por Scarlett Johansson y Adam Driver, una pareja decide separarse intentando hacer las cosas bien. Sin embargo, lo que parecía una ruptura amistosa acaba convirtiéndose en una disputa legal cada vez más dura, con abogados, reproches y un hijo atrapado en medio del conflicto.
Aunque la película transcurre en Estados Unidos y no refleja necesariamente cómo funciona un divorcio en España, plantea una cuestión muy real: cómo se gestiona una separación puede cambiar mucho la experiencia de quienes la atraviesan. Elegir bien el asesoramiento, conocer las opciones disponibles y saber cuándo recurrir a la mediación puede ayudar a evitar conflictos innecesarios. Repasamos qué alternativas existen en España, qué papel desempeñan los abogados y qué conviene tener en cuenta para afrontar la ruptura con las mayores garantías posibles.
¿Qué nos enseña la película?
Lo más revelador de Historia de un matrimonio no es el divorcio en sí, sino cómo se descontrola. Hay varias ideas que merecen la pena retener:
Los abogados no son neutros. Cada profesional defiende a su cliente, y si el planteamiento de partida es agresivo, el conflicto crece.
Lo que se dice en un momento de dolor queda por escrito. Los mensajes, los correos y las declaraciones pueden usarse después.
El tiempo y el dinero se evaporan. Cada escrito, cada reunión y cada audiencia suma costes, y el desgaste emocional es enorme.
Los hijos lo notan todo. Cuanto más se enquista la discusión, más se ven arrastrados a ella.
Nada de esto es inevitable. De hecho, buena parte del sistema de divorcio español está diseñado para que las parejas puedan llegar a acuerdos sin llegar a una batalla judicial. Pero para aprovecharlo hay que informarse bien desde el principio.
Los dos caminos más habituales: mutuo acuerdo o contencioso
Según explican los especialistas de Abogados Santander, existen, de forma general, dos tipos de procesos de divorcio que son los más habituales: el de común acuerdo y el contencioso.
Divorcio de común acuerdo
Es aquel en el que ambos cónyuges coinciden en separarse y en las condiciones en que lo harán. Según se describe en esa misma fuente, en este caso se presenta un convenio regulador y no es necesario un juicio. Es, por tanto, la vía más rápida, previsible y, en general, menos costosa, tanto en lo económico como en lo emocional.
El convenio regulador es el documento en el que se ponen por escrito los acuerdos. En líneas generales, suele abordar cuestiones como:
Con quién vivirán los hijos y cómo se organizará la guarda y custodia.
El régimen de visitas o de convivencia con cada progenitor.
La pensión de alimentos para los hijos, si procede.
El uso de la vivienda familiar.
La posible pensión compensatoria entre los cónyuges.
La liquidación del régimen económico del matrimonio, es decir, cómo se reparten bienes y deudas.
Cuanto más claro y completo sea este documento, menos margen habrá para futuras discusiones. Un convenio impreciso es una fuente de conflictos: ¿quién paga las actividades extraescolares?, ¿cómo se reparten las vacaciones?, ¿qué pasa si uno de los dos cambia de ciudad? Conviene pensar en estas situaciones antes de firmar.
Divorcio contencioso
El segundo gran camino es el contencioso, que, tal como recoge la misma fuente, es aquel en el que un juez debe decidir las reglas del proceso. Se recurre a él cuando uno de los cónyuges no quiere divorciarse, o cuando, queriéndolo ambos, no logran ponerse de acuerdo en alguna de las condiciones, como la custodia, la pensión o el reparto del patrimonio.
Es una vía más larga, más costosa y, casi siempre, más desgastante. Hay demandas, contestaciones, pruebas, posibles informes y una vista en la que el juez escucha a las partes. La resolución final la impone un tercero, y puede no satisfacer del todo a ninguno de los dos.
Un dato importante: aunque se inicie por la vía contenciosa, es posible, en general, llegar a un acuerdo a lo largo del proceso y reconducirlo hacia un divorcio de mutuo acuerdo. De hecho, muchos procedimientos contenciosos terminan así. Tu abogado debería explicarte esta posibilidad desde el principio.
¿Quién interviene en un divorcio de mutuo acuerdo?
La forma de tramitar el divorcio de mutuo acuerdo depende de las circunstancias de la pareja. Con carácter general, y sin perjuicio de que la normativa pueda haber cambiado desde que se redactó este texto:
Si no hay hijos menores o con medidas de apoyo, el acuerdo puede formalizarse ante el letrado de la Administración de Justicia o ante un notario, siempre con la asistencia de abogado.
Si hay hijos menores o dependientes, lo habitual es que el divorcio se tramite ante el juzgado, con la intervención del Ministerio Fiscal, que vela por el interés de los menores.
Esto es importante porque la vía y el coste pueden variar bastante. Un abogado de familia con experiencia te indicará cuál es la que te corresponde y qué documentación necesitas.
Antes de contratar: la mediación familiar
Hay una herramienta que muchas parejas desconocen y que puede evitar el escenario de la película: la mediación familiar. El servicio de mediación familiar del Gobierno de La Rioja la define como un proceso confidencial, voluntario y estructurado de gestión y resolución de conflictos, pensado para los procesos de separación y divorcio, en el que un profesional ayuda a las partes a alcanzar acuerdos.
Por su parte, la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF) ofrece una guía para madres y padres que afrontan la separación, en la que aclara que la mediación no es una terapia de pareja, sino un instrumento para que madre y padre negocien, guiados por un mediador, la nueva organización familiar. La guía se centra, además, en lo que necesitan los hijos de sus progenitores, y dedica apartados a los casos en que la mediación no es posible y a cómo encontrar un mediador.
La mediación no sustituye al abogado: sirve para negociar y llegar a acuerdos, y después tu abogado revisa que esos acuerdos te protejan y que estén bien redactados. Funciona mejor cuando existe un mínimo de buena voluntad por ambas partes. No es recomendable en situaciones de violencia o de gran desequilibrio de poder, donde lo prioritario es la protección de la víctima.
Cómo elegir bien a tu abogado
Una mala elección en esta fase puede costar muy cara. Algunos criterios sensatos:
Especialización en derecho de familia. No es lo mismo un abogado generalista que alguien que lleva a diario divorcios, custodias y pensiones.
Que escuche antes de proponer. Un buen profesional te pregunta por tus prioridades, no empieza hablando de «ganar».
Que te explique las opciones: mutuo acuerdo, contencioso, mediación; debe presentarte los pros y contras de cada una.
Que sea transparente con los honorarios. Pide un presupuesto por escrito y pregunta qué incluye y qué no (procurador, tasas, recursos, ejecución).
Que no alimente el conflicto. Si desde la primera reunión te empuja a la confrontación sin explorar acuerdos, reconsidera.
Confianza y comunicación. Vais a tener que hablar de cuestiones muy personales. Si no te sientes cómodo, busca otra opinión.
Puedes hacer una primera consulta con más de un despacho para comparar enfoques. Muchos ofrecen una primera orientación y, si tus recursos son limitados, es posible que tengas derecho a asistencia jurídica gratuita; el colegio de abogados de tu zona puede informarte.
¿Un abogado para los dos o uno para cada uno?
En los divorcios de mutuo acuerdo, en algunos casos los cónyuges pueden compartir abogado. Es una opción que reduce costes, pero solo tiene sentido cuando hay confianza real y los intereses están muy alineados. Si hay patrimonio importante, negocios, desigualdad económica o dudas sobre alguna cláusula, lo prudente es que cada uno tenga su propio asesoramiento. Un convenio firmado sin entenderlo del todo puede ser muy difícil de modificar después.
Prepara la documentación desde el primer día.
Llegar a la primera reunión con los deberes hechos ahorra tiempo, dinero y nervios. Reúne, como mínimo:
Libro de familia y certificado de matrimonio.
DNI de ambos y, en su caso, de los hijos.
Certificado de empadronamiento.
Documentos económicos: nóminas, declaraciones de la renta, extractos bancarios, cuentas conjuntas.
Escrituras de la vivienda, hipoteca y otras deudas o préstamos.
Información sobre vehículos, planes de pensiones, inversiones o negocios.
Capitulaciones matrimoniales, si las hubiera.
Una lista de los gastos fijos de los hijos: colegio, actividades, salud, ocio.
Con esta información, tu abogado podrá calcular con realismo qué es posible negociar y qué no.
Los errores que convierten un divorcio en una guerra
Si hay algo que se repite en las rupturas más tormentosas, son estos fallos:
Usar a los hijos como mensajeros o como arma. Es perjudicial para ellos y suele volverse en contra de quien lo hace.
Ocultar bienes o información económica. Puede tener consecuencias legales y destruye la confianza.
Decidir desde la rabia. Pide tiempo, respira y consulta antes de responder o de tomar decisiones irreversibles.
Escribir mensajes o publicar en redes sociales sobre tu ex o el proceso. Todo puede acabar sobre la mesa de un juez.
Firmar sin entender. Si algo no te queda claro, pregunta; no firmes por cansancio ni por presión.
Querer «ganar» en lugar de resolver. En familia, el objetivo no es derrotar al otro, sino construir una organización estable para el futuro.
Descuidar tu propio apoyo emocional. Un divorcio es una pérdida. Contar con amigos, familia o un psicólogo ayuda a decidir con más claridad.
Plazos, costes y expectativas realistas
No hay una cifra única ni un plazo igual para todos. Un divorcio de mutuo acuerdo bien preparado puede resolverse en semanas o pocos meses, mientras que un contencioso puede alargarse considerablemente, dependiendo del juzgado y de la complejidad del caso. Los costes también varían según la vía elegida, los honorarios de cada profesional y los gastos asociados (procurador, notaría, tasas, periciales).
Por eso conviene preguntar, desde la primera consulta, por una estimación de plazos y de costes, y por qué variables podrían alterarlos. Y recuerda que la normativa procesal ha cambiado en los últimos años, así que lo que le funcionó a un conocido hace una década puede no aplicarse hoy. Verifica siempre con un profesional actual.
Piensa en el después
Un buen acuerdo no es el que termina rápido, sino el que funciona años después. Antes de cerrar nada, hazte algunas preguntas:
¿Qué pasará si cambian los trabajos o los ingresos de alguno de los dos?
¿Cómo se tomarán las decisiones importantes sobre los hijos (colegio, salud, mudanzas)?
¿Qué ocurre con la vivienda cuando los hijos crezcan?
¿Hay deudas comunes que sigan vivas y cómo se van a pagar?
¿Cómo se revisará el convenio si las circunstancias cambian?
Las medidas pueden modificarse en el futuro si cambian sustancialmente las circunstancias, pero hacerlo implica nuevos trámites. Mejor dejar el convenio lo más claro posible desde el principio.
Conclusión: asesorarte bien es la mejor forma de proteger a todos
La gran lección de Historia de un matrimonio es que las buenas intenciones no bastan: sin información y sin un enfoque correcto, incluso una separación amistosa puede degenerar. Conocer los dos caminos más habituales, el divorcio de común acuerdo con convenio regulador y el contencioso en el que decide un juez, es el primer paso para elegir con cabeza. A partir de ahí, la mediación, un abogado especializado que no busque pelea por sistema, una buena documentación y algo de serenidad hacen el resto.

